En el límite de la cancelación
Más de treinta años de trayectoria artística de denuncia
social contra la explotación, la marginalidad, el sistema de clases, el sistema
de arte y el estado. 1502 personas contra la pared, sin rostro y sin diálogo,
sumisos y marginados por el propio espectador que toma el papel de cómplice.
Una propuesta inmersiva plagada de reflexión y de política, acciones
deshumanizadoras, arriesgadas, y todo ello para ¿nada? ¿Merece la pena para
Santiago Sierra convertirse en aquello que le causa tanta repulsión?
La fotografía queda irremediablemente situada en un plano
de no-intervención tanto para el fotógrafo como para el que observa la pieza,
lo que proporciona a Santiago Sierra el medio perfecto para mostrar su
propuesta e impactar de la manera indicada: el espectador no puede intervenir y
eso le hace cómplice. La exposición ubicada en Móstoles no consiste en un
archivo de performance, sino que es en sí misma una performance.
Se produce la transformación del espectador en actor, y su rol es el del
observador; el opresor que permite la marginación de refugiados, mujeres y
trabajadores precarios, es completamente pasivo. El público está en el centro
de la acción y se comporta como aquellos individuos que Sierra denuncia: los
paseantes burgueses, meros turistas que únicamente contemplan y documentan lo
«otro» sin intención de actuar. Lo que el artista español evidencia es la
no-intervención de todos y cada uno de nosotros, que presenciamos el maltrato y
privamos de identidad a dichos sujetos, despersonalizando su dolor y
atravesando la escena sin mirar a los ojos de los vulnerables.
Aparte del espectador forzado a ser opresor, el propio
Santiago Sierra se pone en este lugar para llevar a cabo sus performances,
aprovechándose de la precariedad y del contexto marginal de sus contratados
para mostrar la crudeza de su circunstancia; las fotografías y vídeos consisten
en una demostración: «las imágenes dicen: esto es lo que los seres humanos se
atreven a hacer, y quizás se ofrezcan a hacer, con entusiasmo, convencidos de
que están en lo justo» (Sontag. 2014: 97). Estas obras quedan documentadas para
poder llegar a distintos lugares en forma de vídeo o fotografía, como si de
esta manera pudiera despertar la conciencia de los que observan cómo las
prostitutas contratadas por Sierra aceptan tatuarse una línea de 16 cm a cambio
de una dosis de heroína. Pero también demuestran lo que el mismo Santiago
Sierra fue capaz de hacer, situándose a sí mismo en el rol de opresor. Su
denuncia no es hacia un conjunto de individuos, es hacia una sociedad entrenada
y permisiva de estas prácticas.
La fotografía tiene el poder de despertar la alerta, de
impresionar y conmover, perturba la paz de aquellos que permanecen ciegos y
apartados de la violencia que se ejerce hacia los «otros». No hay duda de que
el trabajo del artista español arroja luz sobre una realidad que existe, una
realidad violenta y desagradable tan rutinaria que se siente normal en nuestra
sociedad. Las personas contratadas por Sierra no pertenecen a lugares
desconocidos y lejanos, la mayoría de las piezas consisten en circunstancias
que ocurren aquí, allí y en todo el mundo, no pueden sentirse ajenas. Sin
embargo, para que una fotografía, una demostración irrefutable, genere
compasión o culpa necesita de un marco ideológico, una conciencia social y
política. Al plantear su trabajo en un espacio expositivo, en medio de la masa,
pierde el carácter de denuncia pues nuestra cultura está anestesiada y
permanece pasiva. Esta es la gran contradicción de Santiago Sierra: el objetivo
son aquellos que refuerzan la violencia, no la masa paralizada y anestesiada
que no le queda más remedio que permanecer pasiva. Él mismo refuerza esta
paradoja al trabajar a través de performances delegadas. Solo
con poder es posible abusar del sujeto, los que deben sentirse culpables son
los que tienen el poder para anular la identidad de los «otros».
La propuesta de Santiago Sierra supone una llamada
agresiva a la reacción, pero como cualquier performance, se debe
llevar a cabo en un lugar específico para que funcione como se espera. El
material del artista español oscila entre un acto político revolucionario y un
vídeo snuff. Aunque efectivamente alarme al observador, «las
intenciones del fotógrafo no determinan el significado de la fotografía, que
seguirá su propia carrera, impulsada por los caprichos y las lealtades de las
diversas comunidades que le encuentren alguna utilidad» (Sontag. 2014: 39). En
las fotografías presenciamos explotación y violencia, a pesar de ser tomadas
por la conciencia más despierta.
1502 PERSONAS CARA A LA PARED, Santiago Sierra
Comisario: Alexis Callado
En Museo Centro de Arte dos de
Mayo
Cómo
citar este artículo: RODRÍGUEZ, ÁGUEDA. (2025). Los límites
de la cancelación - Reseña artística. Numinis Revista de Filosofía, Época I, Año 3. ISSN ed. electrónica:
2952-4105. https://www.numinisrevista.com/2025/04/los-limites-de-la-cancelacion-resena.html




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